Los objetivos del entrenamiento pueden variar sustancialmente a lo largo del proceso de preparación, tanto en sus intereses como en su estructura. Por ello, creo que no todos los principios que rigen la metodología pueden ser universales, sino que algunos serán específicos, acentuando el grado de coherencia entre objetivos y los medios planteados para su consecución.
Principios generales para el diseño de tareas
1. Adecuación del objetivo. El diseño debe estar adecuado al objetivo de la tarea y éste a su vez adecuado a los objetivos que se plantean en las estructuras de la planificación sucesivamente superiores.
2. Calidad de ejecución. El criterio para dosificar el número de repeticiones, la complejidad o el ritmo del ejercicio debe ser preservar la calidad de la ejecución, tanto individual como colectiva. Si ésta se deteriora proponemos parar o modificar la tarea, incluso si se pretende desarrollar la condición física mediante el entrenamiento integrado.
3. Nivel de dominio ajustado. El nivel de dificultad de la tarea debe estar ajustado a las posibilidades de los ejecutantes.
4. Motivación. Para mantener la atención y, por lo tanto la intensidad y la calidad, el ejercicio debe atender a tres premisas: suponer un reto realizable, es decir, exigente pero posible; el preparador/a debe compartir con el jugador/a la importancia de ese logro el diseño debe permitir que el ejecutante pueda evaluar el resultado.
5. Punto central de la tarea. La tarea debe contener una acción principal, correspondiente con el objetivo fundamental de la misma. La acción de juego principal se desarrollará a través del ejercicio; los jugadores y el entrenador se concentran especialmente sobre ésta, sin ejecutar superficialmente las acciones suplementarias que las apoyan, pero centrando la información en este aspecto.